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Enfermedades Raras (ER): La Uveítis Posterior

 

 

El 21 de febrero de 2017, escribí un artículo sobre la Uveítis en beBee, en el que describía la enfermedad y enumeraba los distintos tipos de Uveítis.

 

En este artículo me centraré en uno de los tipos de Uveítis más raro, que es el de la Uveítis Posterior, caracterizada por una coroiditis (inflamación de la coroides), que también puede afectar a la retina, llamándose entonces coriorretinitis. La úvea es la capa vascular más interna del ojo, está formada por el iris y el cuerpo ciliar que forman la llamada úvea anterior y la coroides, que forma la úvea posterior. 

 

La uveítis puede ser primaria, de causa desconocida, o secundaria a diversas enfermedades siendo las más comunes la toxoplasmosis, histoplasmosis, enfermedad por inclusiones de citomegalovirus, sarcoidosis, sífilis, tuberculosis y toxocariosis. Dependiendo de la causa los síntomas pueden ser difusos o locales. 

 

Los síntomas mayores incluyen una visión enmascarada con metamorfopsia (distorsión variable del tamaño o contorno de los objetos), y presencia de puntos negros flotantes en el campo de visión. En muchos casos el resultado es una cicatrización coriorretiniana atrófica (atrofia es la disminución de volumen y peso de un órgano) de límites pigmentados, a menudo con deterioro visual y ambliopía (disminución de la agudeza visual). Pueden aparecer complicaciones del tipo de desprendimiento de retina, glaucoma o tisis bulbi.

 

 

Como todas las anomalías visuales de origen infeccioso, es importante identificar los principales síntomas de la uveítis posterior para que sean tratados de forma precisa, evitando de paso otras complicaciones más serias.

 

La uveítis posterior no supone un dolor regular ni frecuente, pero sí se puede detectar gracias a ciertos síntomas derivados de la infección. Veamos algunas recomendaciones para obtener un diagnóstico eficaz y oportuno:

 

  • Las moscas volantes, también llamadas miodesopsias, son un síntoma claro de la infección que provoca la uveítis posterior. Eso sí, debemos tener en cuenta que no aparecen siempre ni en todos los pacientes de la misma forma.

  • Disminución de la agudeza visual, especialmente para apreciar aquellos objetos que se encuentran a distancia media.

  • El oftalmólogo es el único facultado para realizar un diagnóstico de la uveítis posterior. Para ello, realiza un análisis a fondo con la intención de ver el interior del ojo y la superficie de la retina a través de la pupila. Lo más habitual es que se aprecien los vasos sanguíneos del ojo inflamados y el interior de éste un tanto turbio, así como la superficie retiniana llena de manchas amarillas y blancas.

  • Tan pronto nos han diagnosticado una uveítis posterior, debemos realizarnos un examen etiológico, el cual nos permitirá saber con certeza si el origen de la infección es bacteriano, parasitario o vírico.

 

¿Cómo se mitigan los síntomas de la uveítis posterior?

 

No tratar a tiempo una uveítis posterior podría generar otros problemas visuales más graves, como por ejemplo cataratas, la presencia de líquido dentro de la retina, el desprendimiento de la misma, el glaucoma y la pérdida de visión.

 

Los tratamientos de esta enfermedad se centran básicamente en atacar el origen de la infección que ha dado lugar a la uveítis posterior. De ahí la importancia de un examen etiológico oportuno, verídico y eficaz.

 

Para ello se suelen recomendar antibióticos y, en el caso de que haya hinchazón, algún antiinflamatorio. Este tratamiento puede ir acompañado de corticoides, gotas oftálmicas que dilatan la pupila para aliviar el dolor y, en algunos casos, el uso de gafas de sol que protejan la zona ocular mientras dure el tratamiento.

 

Recuerda: lo más importante ante una uveítis posterior es identificar el origen de la infección que la ha provocado. Una vez has hecho esto, bastará con que sigas al pie de la letra las indicaciones de tu oftalmólogo.

 

En la uveítis posterior, la inflamación puede durar meses o años y puede producir daño permanente de la visión, incluso con tratamiento. 

 

Muy importante: Un ojo rojo que no se resuelve rápidamente, debería ser evaluado y tratado por un oftalmólogo, debiendo acudir al especialista incluso con carácter de urgencia. 

 

Fuentes: Feder, Clinica Baviera, Auvea.

 

Fernando Santa Isabel 


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